Los materiales impresos como estrategia de comunicación entre profesores.
Existe un segundo tipo de materiales impresos de naturaleza práctica que son fundamentalmente un medio de comunicación e intercambio de experiencias entre el profesorado. Este tipo de materiales suelen adoptar la forma de pequeños informes o memorias que describen las prácticas pedagógicas realizadas por sus autores. Muchos de estos informes son publicados por revistas profesionales como Cuadernos de Pedagogía o Aula (por citar algunas de las más difundidas). Otras veces son documentos mecanografiados que se intercambian entre sí distintos colectivos de profesores. Últimamente, desde distintas administraciones educativas, tanto autonómicas como el Ministerio de Educación y Ciencia, se están publicando este tipo de experiencias a modo de ejemplificaciones didácticas o cuadernos de trabajo para el profesorado.
La elaboración de estos materiales surgen, normalmente, en contextos de proyectos de innovación y mejora profesional (Martínez Bonafé, 1991; Varios, 1991; Colectivo Harimagüada, 1991; Montero y Vez, 1992; Cebrián, 1993; Area, 1993) por lo que el desarrollo de los mismos son muchas veces un pretexto o estrategia para la formación del profesorado y el cambio de la prácticas curriculares.
Materiales impresos para el profesor como recursos complementarios de materiales del alumno.
Este otro tipo de materiales son aquellos documentos que acompañan o son complementarios de materiales dirigidos al alumnado (por ejemplo, la documentación o ficha de un vídeo didáctico, la guía del profesor de un libro de texto, el folleto explicativo de un paquete multimedia, etc.). La función de esta documentación consiste en explicar al profesorado las características y modos de uso didáctico del material del alumno.
Estas guías del profesor no son elaboradas con la finalidad de facilitar al profesorado la comprensión y puesta en práctica de un proyecto o experiencia de cambio curricular, sino que son materiales que persiguen facilitar la comprensión y utilización de un material concreto. Si se me permite la expresión, estas guías vienen a ser un manual de instrucciones para usar “correctamente” otro medio instructivo. Las guías didácticas o del profesor que acompañan a los libros de texto son el mejor ejemplo de lo que enunciamos.
La bibliografía pedagógica.
El reciclaje, la renovación, la profundización o perfeccionamiento en los distintos ámbitos de la vida profesional docente reclama que el profesorado esté constantemente al día. Esto se puede lograr, entre otras acciones, mediante la consulta, más o menos regular, de la bibliografía pedagógica que permanentemente se está publicando.
Evidentemente no todas las revistas, libros o documentos relacionados con la educación tienen el mismo significado y utilidad práctica para todo el profesorado. Algunas revistas o libros por su especialización académica, o porque son vehículos de comunicación entre investigadores, o porque son formulaciones epistemológicas sobre la teoría curricular presentan, a veces, grandes dificultades de comprensión al profesorado, tanto por el lenguaje técnico utilizado como por el objeto o contenido tratado que poco tiene que ver con la realidad práctica.
En este sentido, un lector inteligente no debe confundir la intencionalidad de la obra consultada. A veces, en un tratado académico se quieren encontrar soluciones a problemas concretos produciéndose en el docente que lo consulta una cierta frustración por no hallar respuesta puntual a sus demandas. Pero también, el escritor tiene que ser suficientemente consciente de las características y necesidades de sus posibles destinatarios. Si éstos son profesionales de la práctica de enseñanza y se persigue crear un material comprensible y útil para el profesorado, no puede caerse en el error de redactar documentación pedagógica en un lenguaje inenteligible para sus lectores ni desarrollar un discurso curricular que teorice al margen de las prácticas y realidades escolares.
6. MIRANDO HACIA EL FUTURO: EL MATERIAL IMPRESO Y LAS NUEVAS TECNOLOGIAS
No podríamos finalizar este capítulo sin unas breves referencias al futuro del material impreso en un contexto social y tecnológico como el representado por las nuevas tecnologías informáticas y audiovisuales.
¿Desaparecerá el material impreso como tecnología ante los avances de los hipermedia? No lo sabemos. Lo que es indudable es que los “textos” seguirán existiendo, aunque no necesariamente en un soporte de papel.
Los avances producidos en el software informático ha posibilitado no sólo el tratamiento de la información textual en el ordenador (editores de texto), sino que incluso ha transformado el modo de almacenar, acceder y manipular los textos por parte del usuario. El hipertexto vendría a ser la ejemplificación de lo que sugerimos (Jonassen, 1989; Ambrose, 1991; Salinas, 1994).
La aparición y generalización de los ordenadores, de los vídeos interactivos, de los CD-ROM, del videotexto y teletexto, …, permite a los usuarios acceder a mayores cantidades de información codificada en los mismos sistemás simbólicos de los materiales impresos, pero con las ventajas de la rapidez, la interactividad y la combinación de la imagen, sonido, gráficos y texto.
Posiblemente, en un futuro cada vez más presente, la consulta de las enciclopedias, de los periódicos, de los bancos de datos, e incluso, de las obras literarias se realizará de un modo más habitual y generalizado a través de un equipo electrónico. Lo que sí es indudable es que este tipo de tecnologías requiere de los usuarios el desarrollo de destrezas de acceso a la información distintas de las utilizadas en el uso de los materiales impresos. Como indica Bartolomé (1989, p. 61):
“El ordenador no necesita estructurar sus ´páginas´ de modo secuencial, como en un libro. El acceso a éstas puede ser salteado, estructurado jerárquicamente, y adaptado a los intereses del lector. El texto aparece en pantalla y puede ir desplazándose conforme queremos acceder al texto siguiente. Podemos hacer que unas y otras partes del texto sean accesibles o no. Determinadas palabras o párrafos pueden resumir brevemente algo que, si el lector desea conocer con más profundidad, conectan con un nuevo texto más extenso y clarificador”.
En conclusión, la informática está posibilitando la creación de nuevos sistemas integrados que asumiendo las características de las tecnologías ya existentes (tanto impresas, como audiovisuales) ofrecen al usuario un entorno más potente de interactividad con la información.
Sin embargo, esta realidad sociotecnológica es, en estos momentos prácticamente inexistente en el contexto escolar (a excepción del uso de los procesadores de texto). Aunque se puede presuponer que tarde o temprano la misma llegará a las escuelas. ¿Bajo qué condiciones? ¿Al servicio de qué metas y propósitos educativos? ¿Cuál será el modelo pedagógico en el que se utilizarán estas nuevas tecnologías? ¿Qué tipo de resistencias manifestarán los agentes educativos ante las mismas? ¿Qué aprendizajes y habilidades serán desarrollados en los alumnos? ¿Potenciarán o neutralizarán estas tecnologías las desigualdades sociales y educativas del alumnado? ¿Qué cultura y valores serán transmitidas a través de estos nuevos medios?. ¿De qué forma se complementarán los “textos” impresos con los electrónicos? Estas, entre otras cuestiones, nos exigen la reflexión de todos los profesionales educativos ante el futuro que llega.